El Sistema de Pensiones en México - Una Promesa Incumplida. De la seguridad a la incertidumbre
En 1943, cuando se creó el IMSS, México prometió a sus trabajadores una pensión digna. Durante más de 50 años funcionó bajo un sistema de reparto donde las generaciones jóvenes financiaban el retiro de las mayores. Quienes se jubilaban bajo la Ley de 1973 recibían pensiones de 80-100% de su último salario.
Para los años 90, la realidad cambió. Los mexicanos vivían más, las tasas de natalidad cayeron, y había menos trabajadores por cada pensionado. El sistema se volvió insostenible. En 1997, el gobierno implementó una reforma radical: el sistema de Cuentas Individuales (Afores), abandonando el modelo solidario por uno individualizado donde cada trabajador ahorra en su propia cuenta.
Fallas estructurales desde el diseño
El sistema de Afores prometía transparencia y propiedad sobre tus ahorros. En la práctica, contenía fallas devastadoras desde su concepción. La primera: tasas de aportación ridículamente bajas. México aporta apenas 6.5% del salario. Chile aporta 10%, Colombia 16%. Con 6.5% es matemáticamente imposible acumular suficiente para un retiro digno.
La segunda falla es la densidad de cotización. El sistema asume 40 años de trabajo formal continuo. La realidad: más del 55% trabaja en la informalidad, y quienes tienen empleos formales promedian apenas 40-50% de densidad de cotización. Si solo cotizas 20 de 40 años, tu pensión se reduce a la mitad de lo ya insuficiente.
El resultado es aterrador: las proyecciones indican que la mayoría recibirá pensiones de apenas 25-30% de su último salario. Imagina vivir con menos de un tercio de lo que ganas hoy.
Un problema sin dueño
Nadie asume responsabilidad del desastre. Las Afores dicen que solo administran, que el problema es la baja aportación legal. El gobierno afirma que es responsabilidad individual. Los patrones argumentan que no pueden aportar más. Mientras tanto, cada año más trabajadores se acercan al retiro sin recursos.
La primera generación completamente bajo Afores llegará a 65 años alrededor de 2037-2040. Para entonces tendremos una crisis masiva de pobreza en vejez. Los sistemas de salud saturados recibirán millones sin recursos. Las familias absorberán el golpe: hijos manteniendo padres sin ahorros, perpetuando ciclos de pobreza intergeneracional.
Reformas insuficientes y futuro oscuro
En 2020 se aprobó aumentar gradualmente la aportación patronal a 13.87% para 2030. Es un avance insuficiente que llegó tarde y no aborda problemas estructurales de informalidad o exclusión de millones. Es un parche en un sistema que necesita cirugía mayor.
La verdad incómoda: el sistema no es solo ineficiente, es un experimento social fallido que condenará a millones a una vejez de pobreza. No es alarmismo, es matemática pura. La pregunta ya no es si tendremos crisis, sino qué tan devastadora será. Para muchos mexicanos, el retiro dorado imaginado se convirtió en ilusión, reemplazado por la realidad de trabajar hasta que el cuerpo aguante o depender de familiares que apenas pueden con sus cargas. El sistema está roto, y mientras los responsables se echan culpas, son los trabajadores quienes pagarán el precio.
